vinos de granada


Los vinos de Granada

Cuando me hablaron por primera vez de los vinos de Granada, no pude evitar no tomarlo en serio. Suponía que la elaboración del vino debía ser (eso creí) algo impropio a la cultura granadina. Al fín y al cabo, ¿vino? ¿En la más preciada joya del Al-Andalus musulmán? ¿En la tierra de Boabdil, del Mulhacén y la Alhambra?
Fuí a Granada. Y sin prisa y con placer, descubrí la enorme magnitud de mi ignorancia. Por muchas razones Granada es tierra de vinos:
* Lo es actualmente, pero ya lo era antes de que la invasión de la filoxera cambiara el mundo del vino a finales del siglo XIX. Y aún así, ni siquiera eso logró erradicar el viñedo granadino, puesto que parte sobrevivió por las particularísimas condiciones de altura y contraste térmico que diferencian Granada del resto de la península.
* Ya lo era en la Alhambra del siglo XVI y XVII cuando se organizaba la distribución del vino desde la “Bib al-jamra” (Puerta del Vino), o cuando gozaba de gran reconocimiento el “Baladí”, el célebre vino de Loja.
* Ya lo era cuando los reyes de Granada, como Mansur Al-Hakim a principios del siglo XI, intentaban dificultar el consumo del vino a la población musulmana del reino, imponiendo sanciones a los taberneros cristianos que de tapadillo vendían vino a cualquier súbdito del reino sin hacer distinciones, ya fuese el cliente musulmán, cristiano o judío. Existe en la historiografía múltiples evidencias de una doble moral que ponen de manifiesto un consumo generalizado por todas las clases sociales. Paradigmático era el caso del “arrope”, ese mosto cocido que siendo vino era tolerado precisamente por no tener color de vino.
* Ya lo era en la época romana e íbera, cuando se facturaban hacia Roma ámforas con el vino elaborado en la región que ya elaboraban los antiguos pobladores bastetanos (Baza), según escribió el historiador griego Estrabón allá en el siglo I dc en su monumental geografía de los pueblos íberos. Esto viene a corroborarse con recientes hallazgos arqueológicos en torno a la comarca de Guadix, al norte de Sierra Nevada.
Todo eso nos dice la historia, y nos sorprende. Pero la historia no lo dice todo. Podemos seguir sorprendiéndonos con solo conocer la particular enología que se practica en estas tierras. En las regiones de la futura Denominación de Origen de los Vinos de Granada hay un factor constante y diferencial: La altura.
En Granada están los viñedos más altos de Europa. Ello posibilita una expresión ya de por sí auténtica y distinta a cualquier otra cosa conocida. Pero implica también desarrollar técnicas locales de viticultura muy especiales:
* A lo largo del día el termómetro viaja desde la proverbial calidez del sol andaluz hasta el riguroso frío del clima más continental. La norma es llegar a sufrir contrastes térmicos de 20º centígrados en apenas unas horas. Ello tiene un efecto singularmente positivo en el proceso madurativo de la uva.
* Las corrientes frescas de los aires que sobrevuelan las nieves y glaciares de Sierra Nevada, en el corazón de la provincia, son una constante durante todo el año. Existe un microclima garantizado, estable y riguroso como merece la vid, y relativamente más protegido que cualquier otra región respecto a procesos globales tales como el cambio climático.
* Si tomamos por cierto que las mejores regiones vinícolas del mundo suelen estructurarse en torno a un gran río, la realidad hidrográfica de las cuencas de la provincia o las corrientes de su subsuelo son toda una promesa, a merced del infalible deshielo de la sierra. No en vano se dice en las bodegas que prácticamente riegan con las mismas aguas del Lanjarón.
* De 1000 a 1400 metros sobre el nivel del mar; Esa cota influye poderosamente en la temperatura, en la rica aportación polifenólica de los suelos calcareo-arcillosos, en la maduración del fruto hasta su vendimia, etc… Pero también en la protección frente a plagas y amenazas similares.
Como señalan los sabios, “el vino ya empieza siendo excelente desde que está en la tierra, y logrará seguir siendolo, hasta que llegue a la botella, siempre que la mano del hombre no lo estropee en el camino de la elaboración”.
Pues en el sureste de España, Tierra y hombres se han puesto de acuerdo para hacer grandes vinos como Almaraes, Jabalcón, o otros vinos tintos y vinos blancos que merece la pena descubrir. Sería una lástima no conocerlos, ¿verdad?